miércoles, octubre 18, 2006

Carta a una violeta soñadora (4) "Nuestro aniversario"

Querida violeta:
Probablemente no lo recordarás, pero hoy es nuestro aniversario, porque un día como hoy del pasado año fue cuando me enamoraste con tus hojas y tus flores en aquella floristería lúgubre y de mala muerte, más parecida a la oficina de un viejo recaudador de impuestos que otra cosa. Desde luego, no olvidaré aquel día, ni el momento sublime en que me acerqué a ti y te cogí en mis manos, percibiendo al tocar tu maceta la sensación de que nos dábamos un efímero beso, o mejor un escuálido beso que después, pasado el tiempo, dejó de ser flaco, macilento para convertirse en excelso y cimiento de un amor incomparable. Debo estar loco, sin duda.
Bueno sería que pudiera acercame a ti y acariciar tus flores, como si fueras la más linda musa desnuda; bueno sería, también, amada mía, que los hados me permitieran regalarte un libro, unas bellas canciones, mi voz en susurros, un beso, mi aroma personal y un hálito de mi vida. Pero la lejanía nos impone tantas limitaciones y tantos sinsabores que nuestro amor perdura por tal como somos, o porque el amor por sí mismo es majadero, se empecina en unir a dos seres contra viento y marea, por muy traicioneros que sean los vientos y enormes las marejadas.
Mirando hacia atrás, ahora me viene a la memoria cuando, en cierta ocasión, te dije que no te mostraras de determinada manera ante los hombres, aquel aciago día en que al verte al lado de un hombre miserable pensé que una violeta bellísima como tú no podía comportarse así, tan afable y tan sonriente ante semejante individuo, abriendo tus flores y extendiendo tus hojas como si fueran los brazos de una mujer simple, o simplona por ingenua. Qué disgusto me hiciste coger, y encima, a mi entender, te escuché decir que algunas de tus actitudes eran las propias de una chiquilla, como si una violeta pudiera ser una chiquilla o una mujer una violeta. Gracias que, después, cuando te regaba, todo acabó diciéndome tú que me amarías siempre y que significaba mucho para ti y yo, después de la ventisca, haciéndote saber que nunca te haría daño y que sólo pretendía tu felicidad. ¡Cosas de enamorados!
No sé si despedirme de ti felicitándote por este aniversario nuestro, porque quizás no te merezca la pena soportarme, pero que así sea y aquí en esta misiva quede, para bien o para mal, a pesar de los pesares, querida violeta.
Tuyo.

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